Ciertamente el título del último libro de Daniel T. Willingham invita a abrir sus páginas, pero una vez dentro su contenido deja un poso de insatisfacción porque no colma las expectativas en él depositadas. En mi parecer, Willingham abusa del enfoque cognitivista y deja muchas incógnitas por resolver. Ante la gran pregunta con la que se-nos interroga olvida quizás el elemento motivación y, sobre todo el papel del contexto. Sus respuestas vienen a ser “atemporales”, obviando la perspectiva histórica y poniendo el acento en exceso en los procesos internos.
No obstante recomiendo su lectura pues sus reflexiones y la gran cantidad de estudios en las que se sustentan nos pueden resultar muy interesantes. Destacaría tres ideas especialmente:
- Aprender en la escuela es sobre todo reflexionar, tarea lenta, tediosa, costosa e incierta, y para la mayoría del alumnado poco atractiva y “rentable”. Reflexionar exige un equilibrio entre la memoria a corto y largo plazo. La memoria es lo que queda después de la reflexión.
- Enseñar competencias requiere previamente contar con un importante bagaje cultural y con gran cantidad de conocimientos factuales. La mente siempre prefiere lo concreto y suele renegar de lo abstracto.
- El aprendizaje necesita mucho entrenamiento, machaqueo, automatismos,… tareas que consumen mucha energía y motivan poco a corto plazo. La práctica favorece la transferencia de conocimiento y libera la memoria a corto y largo plazo.
Ergo, “la enseñanza es un acto de persuasión” (Price).

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